Año 2014: si quieres cambiar, hazlo

Decimos los psicólogos que a la hora de acometer flamantes proyectos con ilusión, es recomendable buscar efemérides significativas que refuercen nuestro impulso por las nuevas decisiones que hemos planeado adoptar (por ejemplo, aprovechando un cumpleaños, el primer día del mes, un aniversario de algo o cualquier otro dato valioso de nuestro pasado). De este modo y apoyándonos en la llegada de determinadas fechas, resultaría más fácil iniciar con brío cualquier tipo de buen propósito como emprender un programa de estudio, perder peso, dejar de fumar o sencillamente introducir otro tipo de prácticas más adaptativas en nuestra relación con el prójimo.

Y pasan los años, los siglos y las encarnaciones. La edad no solo se nos acumula en el cuerpo sino que con el transcurrir de las jornadas, somos cada vez más viejos como espíritus. No obstante, esto último no debería constituir un problema. Después de todo y felizmente, estamos destinados a la inmortalidad pues así lo dispuso el Creador. Y yo me pregunto: dentro de nuestro infinito peregrinaje por el pasaje de la evolución, ¿quiénes son los que más sufren?

A punto de levantarme ayer de la cama por la mañana, siendo la última de 2013, permanecí acostado unos minutos más a fin de resolver esa cuestión que sin saber por qué, acudió a mi mente con necesidad de urgente respuesta. Y entonces, todavía sumergido en ese período en el que todavía conservas el grato recuerdo por haber salido de tu cuerpo esa misma noche, pensé en una palabra: estancamiento.

Claro, cómo no. Está escrito que el espíritu no puede retrogradar, que una vez que aprendemos una habilidad o asentamos en nuestro interior unos esquemas adecuados, es imposible que estos se pierdan. ¿Quién no ha tenido a lo largo de su existencia un período de anquilosamiento del que luego se ha arrepentido? ¿Qué debe pasar por la mente de aquel que durante 2013 se ha recreado en el lodazal por el que ha discurrido sin pena ni gloria? Cuando era niño, mi padre me insistía mucho para que evitara la mediocridad, no solo ya en el resultado de las cosas que emprendiera sino también por adentro, en mi propio carácter. Era como una forma de animarme para que reafirmara mi personalidad, la cultivara y la desarrollara. Pero también era un aviso contra ese estancamiento tan demoledor, tan peligroso para el alma y en el que muchos se hallan sumidos. Recordando la parábola de nuestro inolvidable Jesús, la mediocridad consiste precisamente en esconder bajo tierra esos talentos que Dios nos ha proporcionado y que en vez de desplegarlos en buenas obras, los hemos ocultado para no arriesgar y acomodarnos en esa falsa seguridad que nos proporciona la “tranquilidad” de no hacer nada por avanzar.

Comienza ahora en enero otra etapa diferente y qué mejor coyuntura, como afirmábamos al principio, para romper de una vez con esa parálisis devastadora que nos seca el espíritu y aprisiona nuestra creatividad hasta arrojarnos en el barro, como si realmente nos hubiéramos convertido en auténticos holgazanes a los ojos de Dios. En este sentido, resulta imposible olvidar el dictado de Emmanuel a Chico Xavier en los comienzos de este, cuando le invitó a cultivar la “disciplina, disciplina, disciplina”. Sin aplicarla, habría resultado imposible que este hombre hubiera escrito más de 400 libros. ¿O no? En efecto, sin dejar de tener presente esa tríada mágica que constituye el mandato de un espíritu de tanta elevación, nos tenemos que poner a trabajar desde hoy mismo pero, eso sí, con un plan bien organizado en nuestras manos, no vaya a ser que de tanto abarcar nos resbalemos y volvamos a caer en la ciénaga por enésima vez.

Vamos ya con las recomendaciones generales para 2014 (siguen el orden cronológico de las horas y deben adaptarse a cada caso particular):

—Nada más despertar, da gracias a Dios. Es la mejor manera de empezar la jornada. El famoso dicho no miente: “de bien nacidos es ser agradecido”. Por tanto, es bueno reconocer la ventura que tenemos de contar con un nuevo día en el que podemos seguir creciendo. ¿Quién de entre nosotros no conoce a alguien que se acostó tan contento por la noche y a la mañana siguiente ya no estaba en su cuerpo? No es ningún secreto para nadie que cuando te sientes agradecido, te sientes dichoso, como si por dentro atesoraras unas ganas de vivir inmensas.

—Aprovecha la fase “hipnopómpica”. Son los minutos que transcurren entre que nos despertamos y acabamos de espabilarnos. En ese corto período solemos hacer cosas tan normales como aligerar nuestra vejiga, asearnos o vestirnos. Conviene ser listo y usar ese tiempo de forma inteligente. La mente se halla fresca como el cemento recién hecho y es cuando procede apoyar nuestra mano (como hacen los famosos) para que permanezca nuestra huella. Por tanto, es imprescindible introducir en nuestra cabeza algún tipo de idea positiva con respecto a lo que vamos a realizar durante el día. Por ejemplo, darnos ánimo, mirarnos al espejo y alegrarnos reconociendo nuestra valía o más sencillo aún: lanzarnos con convicción el mensaje de que “hoy todo va a salir bien”. Pruebe el lector durante esa fase a tararear cualquier melodía y comprobará cómo puede alcanzar perfectamente el mediodía sin que la música se le haya ido aún de la cabeza. ¿A que os suena, verdad?

—Al salir de casa, saluda con un sentido “buenos días” a cualquiera con quien te cruces. Puede ser un amigo, un vecino o incluso un desconocido. Da igual, a esa hora tu actitud no debe depender de quién tienes enfrente. Por favor, de nada vale pronunciar esa expresión si al mismo tiempo ponemos mala cara o si lo hacemos con un gesto de indiferencia. Lo que vale no es el formulismo sino la actitud del corazón. Esto ya nos lo avisaron los espíritus al hablarnos de la importancia de la intención con la que hacemos las cosas más habituales. Es imprescindible sonreír con dulzura al saludar y desde luego mirar a la cara al prójimo, en concreto a sus ojos, como mostrándole que queremos compartir con esa persona nuestra dicha por el hecho de haber visto otra vez el sol brillar en el horizonte.

—Llegó el momento de ir a trabajar. Da igual que tengas tu propio negocio o que te desplaces a una gran empresa o a una pequeña oficina. Resulta indiferente que te dediques a la construcción, a las ventas o a una labor intelectual. Saluda efusivamente a tus compañeros, pregunta si alguno de ellos necesita tu ayuda o si eres tú el que la precisas, busca de entre los más íntimos un consejo que te haga bien. Colabora con todos, pon buena cara a tu jefe aunque sea duro contigo y verás cómo cambia su actitud. Recuerda el famoso principio del espejo, como expuso el incomparable Gandhi. Y si eres el que manda, pon tu mejor sonrisa a tus subordinados y comprobarás cómo son más eficientes en su trabajo. Y si tienes que lidiar con clientes, te doy la fórmula más segura para conservarlos o captar a los nuevos: sé amable con todos, empatiza con ellos poniéndote en su punto de vista, confraterniza, usa un lenguaje adecuado para cada individuo, memoriza sus nombres propios y llámales por el mismo. Te aseguro que la inmensa mayoría volverá a ti para requerir tus servicios, sean del tipo que sean.

—Cuando llegue la hora del almuerzo, vuelve a dar las gracias a Dios por los alimentos que vas a comer. Piensa en todos aquellos que no tienen nada que llevarse a la boca, ni una mesa en torno a la que sentarse o que con un poco de pan duro y un sorbo de agua ya han cubierto sus necesidades diarias. Mastica todo con calma, concéntrate en el placer del sabor de las viandas y coge fuerzas para el resto de la tarde. Toma plena conciencia del acto en sí, sin distraerte en otros problemas ni complicar tu mente con vanas preocupaciones. Al respecto, existe una frase antológica que define la esencia del Zen japonés. Cuando le preguntaron al maestro por el mejor camino para obtener la sabiduría, aquel respondió: “cuando como, como y cuando duermo, duermo”.

—Al regresar a tu domicilio y en ese tiempo libre del que disponemos los seres humanos, aprovecha la ocasión para realizar algo útil tanto para ti como para los demás. No es necesario acudir gratis a un comedor social para ayudar a los más débiles aunque si lo puedes hacer, resulta muy recomendable. A menudo, la demanda se encuentra en nuestro propio hogar. Tomar un café con nuestro marido para que se desahogue de sus ansiedades o escuchar a nuestra esposa porque ha tenido una jornada dura en el trabajo, jugar con tus hijos (no son del vecino) o interesarse por ellos, hacer alguna mejora en la casa o simplemente llevar a cabo las tareas ordinarias que durante la mañana no se han podido efectuar. Y si no cuentas con familia, existen una y mil actividades donde emplear tus ratos libres. Dedícate con esmero a tu más provechosa afición y si esta repercute positivamente en el prójimo, siempre será más recomendable que aquella que solo implica beneficios para ti. Pero atención, volvamos a la cuestión principal. Lo esencial no es tanto lo que haces sino cómo lo haces, es decir, con qué actitud abordas esas tareas que desarrollas. De nada me vale acercarme a un asilo a cuidar ancianos si estos me dan asco y desde que he entrado estoy contando los minutos que me restan para irme. Mejor dedícate entonces a otra cosa que se adapte a tus cualidades. Todos sin excepción contamos con una serie de dones que no han de guardarse en el zurrón del olvido sino que hay que invertirlos para hacer de este planeta un lugar más ético. Mira hacia dentro, tómate tu tiempo y reflexiona sin prisas: verás cómo hallas cuál es tu sitio en el mundo. Una vez que lo encuentres, vuélcate en él.

—Ver la televisión, beber y comer en tu sillón preferido, acudir a fiestas, pasar el rato hablando con amistades en las redes sociales ¿es malo? En absoluto, lo negativo como en tantas otras cosas es el abuso. Los seres humanos contamos con una balanza interna de justicia inapelable, que nos aclara con rapidez la diferencia entre el uso y el exceso. En efecto, se trata de la conciencia. Unos la tienen más despierta y otros no tanto, pero está ahí y trabaja para nosotros salvo que intentemos adormecerla con nuestra irresponsabilidad. Debemos utilizarla sin dudar y ella nos sacará de más de un apuro. Si existe algo fundamental en la vida, es saber dialogar con nosotros mismos desde la franqueza, no desde el autoengaño. Eso sí, si la sumerjo en alcohol o en otras sustancias seguro que la atonto, pero perderemos a nuestra mejor aliada. Una auténtica lástima, la verdad, porque ella es la primera en avisarnos de ese estancamiento del que pretendemos escapar durante el año que comienza.

—Por último y al acostarte, que la palabra “gracias” esté presente en tu boca antes de dormirte. Tienes una cama en la que reclinar tu cabeza y en la que reposar tu cuerpo. Ni siquiera Jesús durante mucho tiempo tuvo ese privilegio. ¿A qué entonces, tantas quejas? Ora, habla con el que te ha creado, pídele ayuda, trasládale tus inquietudes, no te avergüences, porque un buen Padre siempre escucha a sus hijos. Vale más un simple “gracias por todo, Señor” salido de tu corazón, que una retahíla de plegarias dichas como el que cuenta ovejas para amodorrarse. En unos minutos, los lazos que unen al organismo con tu alma se aflojarán y te permitirán penetrar en la otra dimensión y soñar y soñar… ¿Qué más se puede pedir? Sí, hay algo más que se puede acometer antes de cerrar los ojos: un breve examen sobre lo que hemos hecho a lo largo del día, reconociendo nuestros aciertos y examinando nuestros errores para tratar de corregirlos a la mañana siguiente.

Lo importante con vistas a la nueva temporada, es crear hábitos saludables y edificantes. La única forma de instaurarlos de manera fiable es practicando. Que no os confundan: es imposible que el arbolito que acabamos de plantar dé buenos frutos si no lo abonamos y regamos con regularidad. ¿Por qué en nosotros iba a ser diferente? Basta ya de fórmulas mágicas absurdas. ¿A quién queremos engañar? Al principio implica esfuerzo y atención. Luego, con el paso de las semanas, esas actitudes positivas ya no requieren tanto sacrificio, aunque nunca hay que perder la vigilancia.

Veamos ¿por qué todos los días nos lavamos la cara, nos cepillamos los dientes, nos vestimos, comemos o hablamos por teléfono? Hubo algún momento, una primera vez para esos actos tan arraigados en nuestro yo que podríamos cumplirlos hasta con los ojos cerrados. Por tanto, si aprendimos a hacerlo ¿por qué no podemos desarrollar otros hábitos que nos resulten satisfactorios y que contribuyan a nuestro progreso? Somos seres sociales, permanecemos en íntima conexión los unos con los otros. Esto quiere decir que si tú avanzas en el conocimiento y en la moral, los demás también avanzan contigo. Te conviertes en un vivo ejemplo al igual que cuando vemos a una persona célebre (no me refiero al éxito material) tendemos a imitarla porque queremos alcanzar su notoriedad o su prestigio.

Al introducirnos en la cama y tras evaluar lo acontecido durante el día, seamos modelos para nosotros mismos y por ende, para el prójimo. Si todos nos empeñamos en cambiar para bien, si invertimos con plena conciencia nuestros esfuerzos en ser un poco mejor que ayer, el orbe desprenderá tal cantidad de nobles vibraciones que sin duda, adelantaremos nuestro paso hacia ese mundo de regeneración al que aspiramos.

Mas nadie nos va a regalar nada. Es curioso, pero cuando obtenemos algo gratis, en general tendemos a valorarlo menos que cuando conseguimos esa misma cosa pero con el producto de nuestro trabajo. ¿Por qué será? Venga, amigo, no te demores ¿por qué empezar mañana con tu ilusionante plan si estás vivo aquí y ahora? El pasado ya no retorna, solo se aprende de él, y el futuro depende de tus actuaciones en este instante. Los orientales tienen para esto un magnífico consejo: “un gran camino empieza por un primer paso”. Cuando termine 2014, volveremos a hablar y haremos resumen de lo acontecido. Tranquilo hermano, no podemos abarcar en un año lo que llevamos siglos arrastrando. No te detengas y como dice mi amigo de confianza, «con ser un poquito mejor que ayer me basta».

Desde lo más profundo de mi corazón, os deseo un…

¡Feliz Año Nuevo a todos, cargado de ilusiones! ¡Ah, y mucha disciplina!

P.D. Querido amigo de andanzas: si por las circunstancias de la vida y pese a tus luchas, no posees un empleo por el que obtengas una justa remuneración, si no tienes techo bajo el que cobijarte, si sufres de los rigores del invierno y de los ardores del estío, si no tienes quien te acompañe en tu terrible soledad, si pasas hambre y necesidad durante el año, como espírita te digo:

Estás siendo sometido a una dura prueba, pero a pesar de tus sufrimientos, no estás solo, pues los ojos de los buenos espíritus te acompañan en todo momento. Puede que no les veas pero si abres tu corazón, sentirás su cálida y afectuosa presencia. Ellos son muchos más que nosotros y están deseando que les llames desde la ventana de tu sinceridad, para acudir raudos a consolarte. Creo en la vida eterna y en lo efímera que resulta esta existencia aprisionada a la carne. Todo lo que ocurre tiene un sentido. El azar es tan solo la explicación argüida por los ignorantes. Así pues, levántate y camina de nuevo. Eres un hijo de Dios como todos y como tal, el Padre desea lo mejor para cada una de sus criaturas. No te dejes engañar por las apariencias. Nuestro paso por aquí es breve y si aceptas la prueba tan dificultosa por la que estás atravesando, llegará el día en que tus despojos desaparecerán pero lo que llevas dentro escondido, tu espíritu, se alzará glorioso como el Ave Fénix que renació de sus cenizas. Paciencia, hermano, cuando alcances el momento, una legión de ángeles proclamará tu llegada con clarines y trompetas a tu nuevo hogar, aquel en el que no existen ni el hambre ni la soledad, donde hallarás el alivio justo a tanto tiempo de penurias. Una presencia clara y luminosa se te acercará de frente, te abrazará y te susurrará en tus oídos: “Bienvenido, amigo, has superado tu prueba. Hoy estás en paz contigo y con el mundo. Reluzca tu alma en su verdadera morada, en el Reino anunciado por el galileo, tu casa. Ahora, acompáñame junto a estos otros hermanos y regocíjate”.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *