El juicio del médium (y II)

Sin embargo, mi amigo el médium, con el paso del tiempo transgredió la ley que debe gobernar siempre este tipo de fenómenos. Como expresó Jesús a sus apóstoles al enviarles en misión: “gratis lo habéis recibido, dadlo gratis” (Mt 10,8). En una serie continuada de desvíos, impropios de alguien que desea evolucionar a través del uso de sus facultades, empezó a pedir la “voluntad» a los que acudían a él a solicitarle ayuda, es decir, a cobrar pequeñas cantidades de dinero por la asistencia que realizaba a sus “clientes”. La respuesta por parte del reino celestial, en este caso concreto, no se hizo esperar, clara muestra de la importancia que ellos atribuían al cometido de Manuel. Los espíritus encargados velan por nosotros y conocen de nuestras debilidades; no deseando que aquel hombre que me hizo vibrar tanto el primer día de nuestro encuentro se perdiera más, recibió un serio aviso de sus mentores.

Una tarde cualquiera, tras una frugal comida, se recostó en su sillón favorito con la intención de descansar unos minutos. Sin embargo, estos le iban a resultar eternos así como la experiencia a la que se había de enfrentar. En ese estado, denominado hipnagógico, en el que se pierde poco a poco la conciencia de lo físico y se va penetrando lentamente pero sin pausa en la esfera de lo inmaterial, fue transportado vertiginosamente de su asiento a una barca que se mecía con ligereza en mitad de una amplia laguna.

Estaba nublado y lo único que notaba era la presencia de una suave brisa. Boca arriba y tumbado en aquella pequeña embarcación, percibía el armónico rumor del agua pero lo que clavaba sus pupilas era el tono plomizo de un denso cielo cargado de nubes grises que a su vista se ofrecía. Mi amigo era un gran amante de la música clásica y a ella le había dedicado muchas horas de audición en su vida. Súbitamente y a sualrededor, empezó a escuchar a un volumen elevado los acordes del primer movimiento fúnebre de la 5ª sinfonía de Gustav Mahler. Entonces, justo cuando la trompeta inicia su sonido trágico y conmovedor, fue disparado como un proyectil hacia las alturas, hasta que tras un tiempo imposible de medir, se encontró en una sala aislada y en total silencio, donde tan solo podía advertir el sonido de esa melodía que continuaba oyéndose. Sentado y apoyado en una de las blancas paredes, se acurrucó asustado en aquella extraña estancia, esperando acontecimientos y a solas con su conciencia y con aquella música que le desgarraba por dentro como pidiéndole explicaciones.

Con la sorpresa aún en su pensamiento y con la sensación de vacío en su “estómago” por el viaje del que había sido actor principal, dos figuras semitransparentes penetraron sin decir palabra en aquella solitaria habitación para indicarle con sus gestos que les siguiera. Impresionado y tembloroso, se incorporó con dificultad, disponiéndose a cumplir la orden de los dos extraños seres que flotaban a escasos centímetros del suelo. “Escoltado” a izquierda y derecha, atravesaron un largo pasillo interior casi interminable, de superficie gris, muros resplandecientes y techo a modo de bóveda.

Con la inquietud ante lo desconocido, por fin arribaron a una gran puerta de vidrio que se abrió automáticamente ante la presencia de las entidades que guiaban a Manuel. Allí, pudo contemplar una gran sala plena de luminosidad, muy espaciosa, cuyo techo cristalino en forma de mosaico dejaba pasar la claridad de grandes rayos de luz, por lo que durante los primeros instantes tuvo que adaptarse a aquel escenario. Ante sus ojos, una gran mesa de mármol se mostraba en forma de curva. Cinco seres vestidos con ropajes a cuál de ellos más radiante y provistos de una deslumbrante presencia le estaban esperando allí sentados.

Fue el instante en que los guardianes, una vez cumplida su función de acompañamiento, se retiraron. La entidad situada en mitad de la mesa y que parecía presidir tan insólita reunión, comenzó a hablar dirigiéndose a Manuel. Sin embargo, mi amigo no escuchaba aquella voz como lo hacemos nosotros cuando conversamos, sino que la oía en el interior de su pensamiento, cual mensaje que es recibido en lo más profundo de tus adentros. Él tan solo pudo recordar, no la concreción de unas palabras sino el tono de advertencia que subyacía tras unos términos aparentemente incomprensibles.

De pronto, aquel ser que dirigía la charla cerró sus ojos como concentrándose y una imagen holográfica se formó delante del rostro del médium. Aunque al principio le costó vislumbrar lo que allí se proyectaba, lo cierto es que la reproducción en movimiento empezó a tomar forma, hasta que distinguió fragmentos de la vida de una persona en su pasado y que se correspondían con la figura de una hechicera de atroz aspecto que había desarrollado su actividad siglos atrás.

Un pitido “ensordecedor”, a modo de señal, le hizo caer en la cuenta súbitamente de que aquella bruja de malvado semblante había sido él mismo, pero en otra existencia. No debieron transcurrir muchos segundos para que Manuel se sintiera identificado con la figura que en aquella sala se mostraba y con sus actuaciones. Imágenes muy específicas del pasaje desgraciado de esa mujer se deslizaban ante su vista. Preparación de pócimas venenosas con aviesa intención, cercanía a los poderosos de la época a quienes prestaba sus siniestros servicios a cambio de monedas y favores, “trabajos” frecuentes realizados con los más oscuros propósitos, eran algunas de  las representaciones que resumían la biografía de esta pérfida pitonisa.

Pasados varios minutos desde que se iniciara el relato de los hechos cometidos por aquel ser, de pronto pudo contemplarla en una perdida cabaña, llena de suciedad y desechos en medio de la más espantosa podredumbre. Tumbada en un viejo camastro y con senil aspecto, agonizaba, pero no rodeada de su familia o de sus seres queridos, sino de crueles entidades de aspecto macabro, muchas de las cuales habían sido víctimas de sus fechorías y que se reían de ella mientras aguardaban entre negras carcajadas su desenlace final. Las fantasmagóricas siluetas, la apuntaban con el dedo acusador por el escaso aliento que le restaba a la anciana, para así apoderarse de su desdichada alma. Y es que quedaba muy poco para que su podrido cuerpo la abandonara entre los más punzantes estertores. Definitivamente, aquella arpía que se retorcía de dolor antes de expirar, iba a liberarse del “fuego” de la materialidad para caer en las “brasas” del umbral.

Temblando y asustado, las imágenes del trágico fin de aquella bruja desaparecieron, para surgir ante él el más reciente de los presentes, de modo que pudo observar a su propia figura actual a modo de película. Entretanto, la fuerza de la música de Mahler volvió a intensificarse apretujando las sienes de mi amigo. Se vio a sí mismo atendiendo a una serie de personas ante las que “inventaba” historias. Estas, tras escuchar el relato de mi amigo, se veían “obligadas” a depositar unas cuantas monedas azules en una especie de cofre pequeño que descansaba en su mesa de consulta. No obstante, por más calderilla que introdujeran, aquella caja no parecía tener fondo y jamás se llenaba. Cuando a veces, le podía el ansia de atrapar algún dinero suelto, apresaba algunas monedas, pero estas le achicharraban la mano, debiendo soltarlas al tiempo que contemplaba sus palmas negras como manchadas y quemadas por el rastro que habían dejado en su carne las mismas.

De esta escena, asociada a su actual vida, lo que más profunda impresión le causó fue el observarse a sí mismo con una infausta sonrisa entre sus labios, mientras que el aspecto de los seres que le planteaban preguntas era cada vez más triste y apagado. Cuando estos se erguían de la sillas en las que permanecían escuchando al médium, se levantaban encorvados y desolados, con sus miradas perdidas en el infinito y abatidos por la escasa vitalidad que aún había en ellos.

En medio de la sala, la ansiedad extrema y la confusión se apoderaron de Manuel y no queriendo percibir más escenas del lamentable espectáculo de su crónica, cerró sus ojos con todas sus fuerzas para evitar aquellas imágenes horrendas. Sin embargo, no pudo dejar de escuchar en su interior el sonido repetitivo y metálico de las monedas que se golpeaban unas con otras al caer en lo más profundo de aquel cofre sin fondo.

Cuando invadido por la más intensa angustia quiso tapar también sus orejas, la imagen se difuminó y acabó por evaporarse. Entonces, sus sentidos se fijaron en la dulce y compasiva sonrisa que esgrimía el dirigente de aquel “extraño” jurado. Esa fue la impresión que se llevó, al observar asimismo un gesto empático, pues aquel ser luminoso había levantado su mano derecha ofreciéndosela desde la distancia en actitud receptiva y amistosa.

Con aquella tremenda sacudida en el alma, retornó a la solitaria estancia del principio, donde se tumbó en el suelo exhausto y pensativo mientras que los acordes finales del primer movimiento de la sinfonía subían de volumen en su mente. Al poco, sintió de nuevo un mareante vértigo para reaparecer otra vez en aquella misteriosa barca mecida por un ligero oleaje, ahora ya sintiendo el efecto más intenso de la brisa en su impresionado rostro.

En un santiamén y sin saber cómo, se notó por fin en su habitual sillón y en mitad del salón de su casa, para despertar justo con el último sonido de cuerda de aquella intensa melodía, la que había resonado durante su enigmático viaje a las profundidades de sus cavernas. Cuando pretendió incorporarse y permanecer de pie, no pudo hacerlo. Una rara sensación de desvanecimiento de apoderó de él y doblando sus rodillas sobre el suelo, permaneció postrado mirando al techo mientras su cabeza bullía en búsqueda de una explicación satisfactoria a lo acontecido. La imagen de aquella laguna bajo un cielo plomizo, la presencia de aquellos blanquecinos “jueces”, el semblante desfigurado de la hechicera y el sonido torturador de las monedas cayendo unas tras otras en el cofre sin fondo, golpeaban su mente como un martillo moldea sobre el yunque el hierro incandescente.

Desde aquel supremo instante, no he vuelto a verle, pero he pensado mucho sobre la asombrosa experiencia a la que mi amigo se enfrentó. El mundo espiritual nos lanza sus avisos con prudentes y amorosas advertencias, pero a veces y en determinados casos, ha de hacer uso de alguno de sus “instrumentos” más drásticos para intentar reconducir nuestros pasos por el camino de la evolución. Y aun así, a Manuel siempre le quedó su libre albedrío para escoger los que habrían de ser sus siguientes pasos…

8 Replies to “El juicio del médium (y II)”

  1. Oh, muy poético, y muy lleno de emoción, gracias amigo. Parece que estuvieras allí presente en cada instante. me gustaría ver una opinión tuya final con el resumen de tu historia. Gracias por transportarnos en la historia. Frank

  2. Gracias Jose Manuel Fernandez¡¡¡¡ quiero seguir leyendo :
    (*) Para todo aquel que pueda, es muy recomendable seguir leyendo este artículo escuchando dicha música. Son aproximadamente unos trece minutos.), como lo expresas alli, pero no se donde tengo que ir para hacerlo, muy interesante ¡¡¡¡¡

    1. Me refería a que si tienes esa música en tu casa, (5º sinfonía de Mahler, 1º mov) empezaras a escucharla justo cuando el médium aparece en la barca en mitad de la laguna. Si no tienes esa música, supongo que puedes escucharla en muchos enlaces que hallas en Internet. Pero no hay tercera parte. Termina aquí. Un saludo cordial.

    2. Muy interesante y revelador este relato, es duro encontrarse con nuestra dura realidad y ver que desandamos el camino aquel que con fé empesamos a caminar, alli aprendimos que el auxilio desde lo alto siempre está y mas aun si la causa es justa. pero nunca deberiamos pedir el auxilio con creados intereses monetarios aun en los momentos de mayor necesidad, por el contrario seguir en la prueba del momento y tener fé que una puerta siempre se nos abrirá.( Yo una transgesora de la ley arrepentida.)

  3. agradeço muito o que me transmitiu.
    é para mim de extrema importância ler todos estes artigos
    pois a minha atracção pelo espiritismo é demasiada.
    Já frequentei alguns centros aqui em Portugal, mas fiquei sem muitas respostas.
    Tento ler e aprender sempre mais e mais.
    Obrigada José Manuel Fernández

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